Una vez más esa sensación extraña de haber metido la pata, pero no. Quizá tendría que haberme callado la boca pero no supe no pude.
Ahora tengo mal sabor de boca pero por un lado me lo merezco.
Si no suelto toda esa mierda va a seguir volviendo, y esa mierda ya sabemos lo que es.
Para mí la confianza sigue siendo un valor, aunque la lección de todo esto es que buscar una persona normal donde sabemos que no la hay es infructuoso.
Hay amor hay adoración, pero hay otra manera de ver la vida diferente.
Siento que desde lo afectivo tengo que reparar la situación, cada vez que la veo pasa algo.
De alguna forma necesito reparar esta situación, con un gesto con algo después yo sé cómo es todo. Sé que puedo ser dejado a un lado sin que se valore mi persona como si nada. Como yo sé que la otra persona también tiene una psiquis, mal que le pese, nunca va a desaparecer del todo.
La forma en que la quiero no va a encontrar su cauce ni su igual, y eso está bien.
Por eso merezco relaciones sanas, y por relaciones sanas se entiende vínculos que construyen mutua confianza, más allá de un concepto de fluidez y libre albedrío.
No merece la pena seguir escarbando seguir pensando que me sigan echando en cara el tema de mi mente. Mal no me vendría saber dejar las estructuras de mi mente de lado, la psicóloga está ayudando mucho con esto y no quiero echar a perder su trabajo ni mi evolución.
No está mal la idea de volver a trabajar mi optimismo pero sin exagerar.
Entender el camino que transito y saber qué puedo aportar en cada camino.
Mi victimismo barato me está pasando factura.
Y la verdad es que no soy víctima de nada.
La decisión correcta es comunicar desde el silencio ser pura intención, son los mejores abrazos del universo.
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