El tamaño de mi libertad es tan grande, tiene ese sabor tan parecido a la tristeza. En este pequeño lugar, hay tesoros, personas que van y vienen. Mi soledad es a veces desconcertante, siempre puedo cuidarme un poco mejor.
La única fortaleza que tengo es la persistencia de mi espíritu, la incertidumbre a veces parece inmerecida, pero siempre estuvo ahí.
75 días después volví a charlar con Daniela. Mi entusiasmo es el de una persona bisagra en mi vida, no estar seguro de la naturaleza de ciertas relaciones a veces se agradece. Agradezco su valentía. Algunas personas son dignas de no entenderlas a nivel racional.
Hemos estado cerca varias veces, cerca de cruzarnos. Hoy no podría explicar de dónde surgieron mis sentimientos, hoy soy otro. Se fue el victimismo, un nuevo presente inicia. Todo nuevo, nuevo hasta la más mínima fibra de mi ser. La autenticidad es mi nueva forma.
Hay algo de liminal en este momento, una transición constante. Mi energía es magia, ahora tengo que cuidarla. No pretendo la atención de nadie, sólo quiero cultivar mi persona entera para este momento.
El contacto con Camila se perdió, funcionó en un momento. Los abrazos son poderosos, mi sensibilidad es abierta, pero tengo que aceptar que mi sensibilidad también me traiciona junto con mi mente. Puedo ser comprensivo, no al nivel de avasallamiento. Si mi sensibilidad actúa en tiempo presente, no tiene por qué haber una tabla de resultados, porque el río sigue fluyendo.
La foto, el premio, el reconocimiento son momentos fijos, todo sigue después. A veces esperamos una especie de resultado en función de un público virtual que no existe: "Es un buen tipo, etc." Las acciones hablan el idioma de la energía. Si uno es auténtico con su propósito interior, nunca vamos a encontrar la puerta con llave.
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